Esteban Ruiz Moral
ARTE CONTEMPORÁNEO / ART CONTEMPORAINE / CONTEMPORARY ART
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ESTEBAN RUIZ, LA CONSCIENCIA DEL SER

Entrevista realizada por Silvia Huercanos para el catálogo de la exposición “Derechos Humanos”

El taller de Esteban Ruiz (Jaén, 1966), se encuentra ubicado en un pequeño pueblo junto a Córdoba, Almodóvar del Río, presidido por un imponente castillo árabe del siglo VIII y sobre el río Guadalquivir, que traza un majestuoso meandro bajo la terraza de este privilegiado lugar. El Guadalquivir, eje vertebrador de la cultura andaluza con la que el artista se siente profundamente identificado, es la fuente y base de su cultura. La relación como persona y como artista con este entorno natural es profundamente inspiradora. E.R. continúa contemplando las mismas vistas y paisajes animados por esta luz tan especial, la misma que contemplaron sus antepasados.
La nueva obra de E.R. supone un punto de inflexión con su obra anterior. El autor abandona las dos dimensiones del lienzo para concebir una instalación que ahonda en su compromiso social. Cajas y grandes fotografías creadas para remover la conciencia del espectador.


Háblame de tu entorno familiar, si ha influido en tu decisión de trabajar el arte.
Evidentemente sí, el entorno familiar ha sido muy importante, pero más que en la decisión de ser artista, ha influido en la sensibilidad por el trabajo bien hecho y en el desarrollo de la estética.

¿Cuáles crees que son los resortes en la creación de un artista?
El artista se hace a base de muchas horas de taller, de investigación, de relacionarse y comunicar y de arriesgar, en un continuo combate con el entorno social que le rodea.

Desde el punto de vista de tu trayectoria profesional, ¿cuáles son tus referentes, de qué artistas, de qué fuentes has bebido?

Cuando tomé la decisión de estudiar Bellas Artes, me fui a Sevilla, a medida que me fui metiendo más y más en ella, me di perfectamente cuenta de que no quería ser profesor en el futuro, que estaba allí porque quería crear. Cuando todos mis compañeros se preparaban para ser profesores de instituto, yo cogí una mochila y me fui a París.
Durante los años en Sevilla, ser estudiante me permitió moverme a mis anchas por los ambientes artísticos del momento y vivir bastante de espaldas a lo que se cocía en la universidad, en la que salvo por honrosas excepciones como Juan Carlos Arañó, el peso de la tradición y el academicismo casi decimonónico, era el componente dominante en aquellos años.
En cuanto a los referentes artísticos, ha existido la influencia evidente del entonces grupo El Paso. Empezaron también las nuevas corrientes, con unos incipientes Barceló, Broto, Sicilia. Pero mis grandes referentes fueron, además de estos, los ya clásicos Dau al Set, Feito, Tapies y Saura. De todos ellos admiraba mucho su coraje y compromiso como artistas, que creaban y luchaban en un entorno muy difícil. También recuerdo vivamente una exposición de Schnabel en el Cuartel del Carmen de Sevilla. Esta exposición me cambió, me impresionó. Hubo realmente un antes y un después para mí.

Me has hablado de cómo tomas un camino diferente al de la mayoría de tus compañeros de estudios. Por qué decides marcharte. Cuéntame qué ha supuesto para ti París, ya que parece que ha sido una etapa muy decisiva en tu vida.
París es una ciudad donde se respira arte por los cuatro costados, una magnifica escuela, junto con Nueva York, dos ciudades que han influido decisivamente en mi trabajo. Paris sobre todo, ya que he vivido diez años allí, me ha ofrecido la capacidad y la libertad de creación, es donde de verdad he aprendido, donde he expuesto por primera vez en una gran galeria, donde me he impregnado de los matices de pensamiento que me caracterizan como creador Un lugar donde estaba todo el día borracho de conocimientos, aprendiendo y absorbiéndolo todo como una esponja. Con las grandes exposiciones a mi alcance…un sueño, y un lugar donde consolidé mi carrera artística.

Por todo lo que me has ido contando, veo que para ti es primordial comunicar y sé que además concedes un papel muy importante a enseñar, que cuentas con una importante experiencia docente.
Sí, la educación es básica, respetando siempre la belleza de lo heterogéneo, que es el leit motiv para seguir buscando, aprendiendo y, sobre todo, creciendo. Y esto, desgraciadamente se está perdiendo. Esta educación es primordial, saber educar en el respeto y en la comprensión para que cada uno pueda interpretar expresar el arte como quiera. Mi experiencia docente tanto en cursos de postgrado para la universidad como en cursos de integración en diferentes ambientes sociales me es muy enriquecedora tanto en mi aspecto profesional como humano. Recordemos que el arte como un producto de mercado sólo existe en Occidente, por ello es necesario desmitificar la figura del artista como creador intocable. El artista debe centrarse en la creación, el compromiso y en el trabajo bien hecho.

Cuéntame ahora cómo has llegado a crear y concebir esta exposición Contemporáneo, para la Diputación de Córdoba, cuyas piezas nos rodean mientras hablamos en tu estudio. ¿Cuál ha sido tu punto de partida?
Voy a decirte algo muy significativo. He vuelto a escuchar a Paco Ibáñez, algo que no hacía desde hace muchos años. Y ha actuado como un auténtico revulsivo para mí. Es como volver a las barricadas.
Habitualmente, el artista plástico ha vivido muy protegido por las instituciones, siempre dentro del circuito de mercado. Desde hace mucho tiempo, pocos se han mojado con los problemas sociales. La situación del mundo, el papel de occidente y mas concretamente de Europa me preocupa enormemente. Los logros sociales que gestaron nuestra cultura se están desmoronando a una velocidad vertiginosa. Creo que este enfoque no debe ser exclusivo de pensadores y filósofos, creo que nosotros, como artistas plásticos debemos ser protagonistas de ese compromiso social. Hay que responder. No podemos permanecer callados ante temas tan evidentes como Guantánamo, Arabia Saudí, el terrorismo vasco, Nigeria, Palestina o la explotación infantil. ¡Temas que atentan directamente contra la inteligencia de uno!
Además, la idea surgió ya hace bastante tiempo, por eso parece que este trabajo tiene algo de visionario, dado que ha surgido mucho antes de cualquier sospecha de una guerra, de un conflicto tan grave como el que ha estallado.
Los dos últimos años he estado viviendo temporadas en Estados Unidos pero he dejado de ir, por ahora. No quiero que me hagan sentirme como un criminal cada vez que uno intenta entrar en ese país. Yo estaba allí cuando nombraron a Bush presidente, estaba viviendo acogido en casa de unos coleccionistas que son grandes amigos. No se me olvidará, cuando vinieron a recogerme al aeropuerto, cómo me dijeron refiriéndose a Bush, “Esteban, esto es lo peor que le ha podido pasar a este país, y lo peor que le ha podido pasar al mundo”. Eso lo decían ellos, que además se sienten muy americanos.
Y a raíz de esto y de muchas más cosas empecé a tener muy clara la nueva situación que se nos avecinaba y que la tenemos ya encima. Es evidente que desde hace tiempo esto no funciona. La legalidad internacional ya no existe, lo que se organice a partir de ahora será un sucedáneo, una mera patraña.
En la exposición solo hay un tema concreto referente a la política de Bush, que es Guantánamo. Pero todos los demás están relacionados con la política exterior de Estados Unidos, además en la situación actual es difícil mantenerse al margen. Si me mantuviera alejado, si no intentara hacer algo, sencillamente no sería capaz de mirarme al espejo. Uno puede participar en acciones puntuales, pero la mejor manera de responder es con mi propio trabajo.

Retomando lo que me estás comentando a cerca de tu trabajo y cambiando un poco de tercio, desde el punto de vista estilístico, ¿cómo englobarías tu obra y, concretamente esta última exposición?
Siempre he trabajado dentro de lo que yo defino como un conceptualismo simbólico, es una obra claramente conceptual, ya que parte siempre de una idea muy definida. Es un trabajo en torno a una idea que luego desarrollo en la obra, en tres dimensiones y con una gigantesca carga simbólica.
El escenario de la exposición son los derechos humanos, su violación continúa. Lo dividido en 6 temas, representando cada uno por una de las seis cajas, que se complementan con las fotografías, las manos y otros objetos. Las cajas son efectivamente temas muy directos que permiten al espectador la posibilidad de ver una imagen concreta de una violación de estos derechos. Son escenas impactantes que invitan a que pueda tomar partido. He utilizado piezas óptimamente e intencionadamente explícitas, que no permitan la más mínima desviación en su comprensión, ellas por sí mismas lo dicen todo.
Para mí, esta exposición ha sido un trabajo de transición, la aceptación de algo mucho más grande. Es un nuevo punto de partida hacia un cambio estético mayor, que puede mantenerse en el tiempo y que me permite mantenerme alerta, abordar y denunciar otros problemas, cuando yo quiera.
Las cajas son muy directas, muy agresivas y no dejan lugar a la duda. Esta dureza está compensada con una serie de fotografías, estéticamente bellas, pero que esconden un dramatismo muy grande.
Lo que pretendo es que después de haber enfrentado al espectador a una primera parte tan obvia y brutal, contemplando estas fotografía vaya más allá y descubra el juego perverso que esconden. Que se dé cuenta de la hipocresía que encierran: la mano adulta que parece que acaricia la de un niño, en realidad la está presionando; reflejan la opresión y la lucha. Siempre se repite la mano de un adulto (que es la mía) con una mano de niño o de mujer, creando así una gran tensión. Son los grupos sociales más sensibles a la violencia, las principales víctimas de ella.
La exposición se compone de unas cajas, de unas fotografías…y de otras obras que la completan, combinando diferentes soportes, técnicas y campos. Además toca pintura, escultura, fotografía, infografía, y esto está siendo una constante última en tu obra.

Pero, ¿cuál es el elemento común, al margen del ideológico?
El juego con algo tan expresivo y común como son las manos, es el eje de unión, el elemento aglutinador de este “juego” terrible y lejano para la mayoría de nosotros que es la violación continua y enquistada de los derechos humanos.
Creo en el artista humanista. No se es más artista por pintar un cuadro, sino por ser capaz de desarrollar una idea y transmitirla, y el artista tiene que saber utilizar todo tipo de recursos en cada momento.
Personalmente me siento más cómodo con la pintura, pero estoy entusiasmado con este proyecto, me he involucrado mucho en él. Esto me ha aportado unos resultados insospechados para mí, obtenidos con unos recursos mínimos, como las grandes fotografías.
No obstante, reconozco que la pintura al ser la primera manifestación consciente del ser humano, siempre perdurará; el placer de mancharte las manos es una sensación incomparable. La capacidad de crear.

Silvia Huércanos



MUNDUS FABULA EST
Arabia SaudíCuando la materia es el nacimiento milagroso, estamos en puertas de cumplir los designios de María Zambrano: “Entrar en la materia es entrar en lo sagrado”. Esteban Ruiz conoce esos mecanismo de fineza, casi órficos, de la destreza creativa, y nos propone con esta nueva obra un juego de mutaciones, de alquimias de imagen y sentimientos. Emoción desde la superficie de un paisaje que se convierte en territorio de una conciencia necesaria. Denuncia y emoción, entonces. Manos que se unen o someten lo frágil. Ya sabemos que hoy en día más que nunca “Lo frágil atrae para matarlo”. Extraña ley. Extraño lugar. Mundo y materia. Pero cuando la materia es magna matter, podemos atisbar como los clásicos del medioevo que “ MUNDUS FABULA EST”.
Espacios. Rizomas aéreos. Cajas donde se instala la denuncia de un mundo injusto, hipócrita. Espejos que espejean la mirada, desde este lado del espejo. El paraíso ha sido derogado por E. Ruiz en estos juegos de mutación y transubstanciación de la propia energía que siempre lleva su mirada: atrás quedan las series sobre mitologías, ascesis, abrazos mágico-telúricos. Ahora es la vida la que nos mira desde la vida misma que se resiste a ser dominada por el mal. Pero no desde una postura maniquea de lo bueno y lo malo, sino desde un lenguaje que no se somete a postulados donde impere esa lógica dual. Lo binario ha sido asimismo derogado. Es el más claro ejemplo de lo que queda de nuestra mirada centáurica. Es de los pocos que ha asumido que el creador es frontera, frontera de uno mismo. Límite no ya del mundo, sino del ser.

ROBERTO LOYA



Como quien espera el remordimiento
Juan Carlos Arañó Gisbert

"Se ve mucho mejor el infierno
a través de un tragaluz
que si se lo viera al completo."

Jules Barbey d’Aurevilly

Roland Barthes afirmaba que el artista no tiene moral, pero sí tiene una moralidad y esta trasciende claramente en su obra enunciando su visión del mundo que compone desde su propia cultura.
Los tiempos que corren no permiten concesiones ni frivolidades, hoy más que nunca la marca de origen recuerda y referencia nuestro lugar y contexto del que no cabe la huida ni marcha y en donde es necesaria la definición y el compromiso como seña de identidad, de participación en el grupo, de sus valores y ética como un paisaje de acontecimientos en el que el arte se convierte en una crónica despiadada, en representación del compromiso eliminando todos los obstáculos entre el artista y la idea.
En la obra de Esteban Ruiz el artefacto haciendo claro y ostensible su origen y su marca constituye el paisaje de la representación, en ella destaca el protagonismo de unas manos que, como voyeur duchampiano, reclaman, denunciando, la atención sobre ellas, y, a la vez, evocan el anonimato de la denuncia que realizan y de su compromiso, como cuando Gianni Vattimo establece que la evidencia como contraseña y criterio distintivo de la verdad es el fenómeno cultural constitutivo de una civilización en la cual el humano es pensado y definido en términos de conciencia, porque en definitiva el argumento de Esteban Ruiz es la llamada de atención al comportamiento histórico social colectivo y a sus efectos políticos. La no aceptación de las formas institucionales dirigidas por las nuevas y duras formas de capitalismo, de sus resultados políticos y, desde luego, de la no asunción de los acontecimientos en los que la violencia caracteriza los comportamientos humanos. Es en este momento cuando obra artística se convierte en lo que Arthur Danto califica como objeto posthistorico, de denuncia, para intentar reconstruir los hechos que tuvieron otro sentido, porque pretendemos otra moralidad. Se trata de una de tantas posibilidades, algo que si se desea hacer, modificar una realidad no asumida, atribuir significados morales y personales más profundos, construir paisajes y representaciones aceptables, porque como nos recuerda Nietzsche
“la sangre es el peor testimonio de la verdad, envenena hasta la doctrina más pura, la transforma en delirio y odio de los corazones”. Esteban Ruiz transmuta esa sangre en metáforas objetuales, en valores plásticos, en razones de idea. Como artista comprometido con su tiempo, sus ideas, de convicciones profundas y de este modo expresa su compromiso, como diría Jacques Derrida, en un espacio para abrir, para dar lugar a la verdad, porque, como establece Remo Guidieri, de esa manera de distinguir el signo del concepto nacerá la hipótesis antropológica sobre el binomio “pensamiento salvaje”/”pensamiento domesticado”, aunque, como decía Marcel Duchamp, siempre son los demás los que se mueren.


Esteban Ruiz. Paris, Abril 1999.

Después de diez años de trabajo en la representación de imágenes, creencias y epifanías de las religiones primitivas, y a partir de un largo viaje por Oriente (India y Nepal) y Sudamérica, del que fuí empapandome de su cultura y sus vivencias, tracé un giro significativo a la base conceptual e iconográfica de mi obra.
Estas telas y piezas de una estética neta y clara, lo son tambien en su aspecto conceptual, ya que en ellos reflejo mis sentimientos mas abrumadores, vivencias y miedos. Amor, sexo, vida, muerte, lo sagrado, lo profano en lo sagrado, a través de un estudio en profundidad de pensadores y personajes literarios que han marcado el rumbo a seguir a lo largo de esta angosta vereda que es la vida, y sin los cuales mis esquemas humanísticos e intelectuales hubieran estado perdidos o seguido otros derroteros.
Al entrar directamente y sin miedo en el análisis e interpretación de estos personajes, me aboco a un lenguaje -a través del trabajo intensivo de taller, cualitativamente místico, que raya por momentos el estado de locura- de madurez bien fundamentada en los resortes de mi cultura, la de mi tierra andaluza que ha sabido interpretar expontaneamente estos saberes hasta el paroxismo de las pasiones reflejadas en la vida.



Esteban Ruiz y la Mística
Un lugar a 1000 metros de altura, entre Jaén y Granada, un pueblecito, Valdepeñas de Jaén. Es aquí donde trabaja Esteban Ruiz en una Andalucía diferente, al abrigo de las hordas de turistas, una Andalucía de montañas, fría pero calurosa, una Andalucía casi castellana, como un sueño lejano, escondida detrás de Sierra Nevada, la mítica Granada, símbolo del refinamiento de la civilización arabigo-andaluza.
Desde su taller, Esteban Ruiz contempla estas montañas rítmicas por los olivares que imponen su rigor matemático bajo un cielo immaculado. A lo lejos algunas manchas de nieve como salpicadas por la mano de un pintor celeste. Esteban Ruiz conoce cada escondrijo de este paisaje grandioso y austero, grutas prehistóricas, ruinas de un castillo moro, símbolo de luchas pasadas, la cueva donde se recogía un santo (la región es propicia al misticismo). En el transcurso de sus paseos matutinos, antes de empezar a trabajar, recoje hachas de piedras pulidas, trozos de cerámica árabe, etc... esos objetos que le unen al pasado y que ilustran lo que me dijo un dia : "En la prehistoria, los hombres que contemplaban el dibujo de un peine, comprendían que esto representaba un animal...".Creo que todo esto explica el arte de Esteban Ruiz, vinculado a nuestro pasado más primitivo, el más lejano, con los cromlech, el apego al símbolo, el arco ojival, recuerdo de grandes mitos de nuestra civilización occidental, el minotauro, Don Juan, evocación de grandes obras de la literatura, Dante, evocación de misterios esenciales, la muerte, la vida, el amor, la maternidad. La elegancia y el rigor del paisaje se encuentran en su obra. Estos círculos azules que puntuan algunas de sus telas evocan el alineamiento implacable de los olivares, esas manchas naranjas proyectadas sobre la tela todavia fresca parecen salir directamente de las heridas de la tierra andaluza.
Esteban Ruiz, a través de sus pinturas nos invita a reencontrar en nosotros al hombre primitivo que sabe ver y sentir las cosas, los objetos, la vida sin pasar por el prisma deformante de la educación, de la cultura. Nos señala a nuestro aspecto más profundo, más escondido, pero al mismo tiempo solicita nuestra erudición para leer sus cuadros. Su arte nos invita a la vez a desarrollar nuestra sensibilidad y nuestra inteligencia.
La característica de Esteban Ruiz es la unidad, la homogeneidad, el equilibrio, la elegancia, la sensibilidad y la violencia controladas por una maestria total de su arte adquirida al haber realizado más de 400 cuadros. Hay que verle pintar, como un demiurgo poseido pero controlando su posesión, la tela extendida en el suelo como un cuerpo ofrecido a sus más profundos deseos, proyectando con violencia el aceite de linaza para provocar las manchas y rápidamente dominarse totalmente en una caligrafía perfecta. Cómodo y dominando todos los formatos, en todas las formas de expresión, en todos los géneros, dibujando un minúsculo personaje en la tarjeta de un restaurante, o divirtiéndose para dar gusto a un amigo, hace nacer sobre una hoja de papel craft una pin-up digna de Playboy.
Esteban Ruiz es un artísta que nos hace viajar a nuestros orígenes lejanos expresando nuestros interrogantes más fundamentales. Su arte olvida la anécdota para concentrarse en los verdaderos interrogantes del hombre, vivo reflejo de su tierra natal, esta Andalucía eterna que después de haber visto pasar tantas civilizaciones y tantos invasores ha decantado todos sus mensajes para no conservar más que lo esencial.

Alain Pierson. St Jean-de-Luz


El Arte que nos fuerza a pensar
El arte de Esteban Ruíz es ante todo espiritual.
Espiritual en su sentido etimológico “spiritualis” significa propio de la respiración. Sus obras tienen un ritmo propio, un ritmo de respiración propio. Encontramos aquí una importante referencia oriental en su obra : la coincidencia entre un vacio simbólico ( por la presencia de circulos, volúmenes, "bastones", cadáveres de peces, en el vacío ), y el vacío interior a reencontrar, como los sabios orientales nos invitan.
Espiritual tambien porque su deseo profundo es de sobrepasar la materia : esto que obstaculiza para llegar al Origen, lo Ideal, lo Absoluto. Este obstáculo, no es la Materia concebida como entidad metafísica que viene etimológicamente de mater : la madre, la fuente que aún asi, también está presente en su obra, sino la materia como oposición al espíritu : lo percebido por los sentidos o lo que permite encarnarse a las ideas, y realizarse al espíritu creador.
A la manera de los físicos actuales del átomo, la materia tiende entonces a perder su consistencia y el carácter concreto que le da el sentido común ; y las entidades donde ella está constituida no son directamente observables sino cada vez más abstractas y conceptuales. De esta manera el espíritu en sus obras quiere hacer olvidar la materia misma de la tela, de la tela misma, como en sus nuevos trabajos que cuestionan la idea misma del cuadro como objeto, y como objeto fijo. Las técnicas de expresión son consideradas por el artista como simples instrumentos y el lenguaje pictórico como uno más.
Es por esto que la recepción de la obra de Esteban Ruíz puede ser fruto de un malentendido. Nos gusta o nos puede gustar su obra por aspectos que el artista considera sin importancia (el aspecto sensible y material del cuadro). No importa, ya que lo esencial no sea lo que el artista quiere decir ,-sus ideas, su lenguaje lleno de símbolos como un nuevo lenguaje esotérico diriguido a los iniciados- sino lo que la obra nos da que pensar. Esta provocación a pensar no se hace solamente por los conceptos implícitos o explícitos de la obra sino más bien por la expresión de una tonalidad afectiva.
Esta tonalidad afectiva que es una bocanada de aire (de la respiración y del espíritu) da la impresión de misterio por presencias ambiguas. Presencia de textos que forman a la vez parte integrante de la obra y también del pensamiento encarnado en estos mitos -Don Quijote, Don Juan, Fausto, por ejemplo- presencia paradójica de desnudez -que es el vacío como fuerza que llena este espacio y como desaparición del aspecto material de la obra-, presencia obsesiva de sus números sagrados, pero tambien de la materia misma de la tela que vuelve como para vengarse.
Por tanto la verdad de la obra no se deja encerrar en la comprensión de ideas conscientes del artista, ni en las referencias diversas de su obra (religiones primitivas, la cultura oriental, o la física moderna) ni en ninguna interpretación. Su fuerza es la de una "máquina" de pensar, que nos fuerza a pensar.

Sebastien Courtois
. Paris


ACERCA DE LA OBRA DE ESTEBAN RUIZ

Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron,
Soy de la raza mora, vieja amiga del sol,
Que todo lo ganaron y todo lo perdieron.
Tengo el alma de nardo del árabe español. (*)


Es así como el poeta Antonio Machado describe al andaluz. Esteban Ruiz es andaluz. Ser Andaluz es tener en las venas la cultura fenicia, romana, visigoda, árabe, judía, cristiana. Es estar ciego por una luz que abre el alma, a decir de Lorca, sin haberlo aprendido, es formar parte de un pueblo que vive en armonía consigo mismo, es ser musulmán pero pedir a obreros cristianos venidos de Bizancio construir la Mezquita de Córdoba utilizando capiteles romanos para coronar sus columnas, demostrando que la idea de Dios está por encima de la religión de cada uno, es igualmente ser cristiano y utilizar un minarete como campanario. Es nacer sobre una tierra eterna y moderna, siempre conquistada y nunca dominada. Ver pasar tantos invasores..., adaptarse a tantas culturas y religiones diferentes permite al andaluz no captar sino lo esencial, lo que trasciende a las civilizaciones, lo que mira el ser humano en algún momento: la vida, la muerte, el amor Dios. Es por esto que los cantaores de flamenco, a veces iletrados, se expresan naturalmente por conceptos. Y es por esto que encontramos en los cuadros de Esteban Ruiz temas propios a la esencia del hombre, la justicia, la búsqueda del paraiso, la muerte, la madre primordial de la humanidad, el coso taurino como templo, expresados de una manera conceptual, como los hombres de la prehistoria representaban de esa misma manera conceptual el mundo que les rodeaba. La pintura de Esteban Ruiz es muy andaluza, por moderna, por su expresión y eternidad de lo que expresa. Rica como la tierra que le ha visto nacer, cada uno encuentra en ella respuestas a sus preguntas como dice la copla flamenca:

En cada copla que canto
Otras mil coplas se envuelven
Pues cada cual en el corro
a su manera la entiende. (**)


ALAIN PIERSON



El territorio sagrado
En las pinturas de Esteban Ruiz podemos encontrar arcadas, trazos flechados, cuerdas, escaleras, cuernos de toros...
Son signos que nos guian hacia un territorio sagrado. una especie de juego de la oca chamánico con el paraiso por final,donde las casillas son: 1, 2, 3, la tierra y el cielo, 4, 5, 6, la vida, 7, 8, 9, la muerte.
No existen subterfugios, el hombre está ahí, desnudo, encarnación del enigma cósmico, está como nosotros, sin reglas, sin modo de empleo.
Ahora es su turno.

Chantal Mennesson
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