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ESTEBAN
RUIZ, LA CONSCIENCIA DEL SER
Entrevista realizada por Silvia Huercanos para el catálogo de la
exposición Derechos Humanos
El taller de Esteban Ruiz (Jaén, 1966), se encuentra
ubicado en un pequeño pueblo junto a Córdoba, Almodóvar
del Río, presidido por un imponente castillo árabe del siglo
VIII y sobre el río Guadalquivir, que traza un majestuoso meandro
bajo la terraza de este privilegiado lugar. El Guadalquivir, eje vertebrador
de la cultura andaluza con la que el artista se siente profundamente identificado,
es la fuente y base de su cultura. La relación como persona y como
artista con este entorno natural es profundamente inspiradora. E.R. continúa
contemplando las mismas vistas y paisajes animados por esta luz tan especial,
la misma que contemplaron sus antepasados.
La nueva obra de E.R. supone un punto de inflexión con su obra
anterior. El autor abandona las dos dimensiones del lienzo para concebir
una instalación que ahonda en su compromiso social. Cajas y grandes
fotografías creadas para remover la conciencia del espectador.
Háblame de tu entorno familiar, si ha influido en tu decisión
de trabajar el arte.
Evidentemente sí, el entorno familiar ha sido muy importante, pero
más que en la decisión de ser artista, ha influido en la
sensibilidad por el trabajo bien hecho y en el desarrollo de la estética.
¿Cuáles crees que son los resortes en la creación
de un artista?
El artista se hace a base de muchas horas de taller, de investigación,
de relacionarse y comunicar y de arriesgar, en un continuo combate con
el entorno social que le rodea.
Desde el punto de vista de tu trayectoria profesional, ¿cuáles
son tus referentes, de qué artistas, de qué fuentes has
bebido?
Cuando
tomé la decisión de estudiar Bellas Artes, me fui a Sevilla,
a medida que me fui metiendo más y más en ella, me di perfectamente
cuenta de que no quería ser profesor en el futuro, que estaba allí
porque quería crear. Cuando todos mis compañeros se preparaban
para ser profesores de instituto, yo cogí una mochila y me fui
a París.
Durante los años en Sevilla, ser estudiante me permitió
moverme a mis anchas por los ambientes artísticos del momento y
vivir bastante de espaldas a lo que se cocía en la universidad,
en la que salvo por honrosas excepciones como Juan Carlos Arañó,
el peso de la tradición y el academicismo casi decimonónico,
era el componente dominante en aquellos años.
En cuanto a los referentes artísticos, ha existido la influencia
evidente del entonces grupo El Paso. Empezaron también las nuevas
corrientes, con unos incipientes Barceló, Broto, Sicilia. Pero
mis grandes referentes fueron, además de estos, los ya clásicos
Dau al Set, Feito, Tapies y Saura. De todos ellos admiraba mucho su coraje
y compromiso como artistas, que creaban y luchaban en un entorno muy difícil.
También recuerdo vivamente una exposición de Schnabel en
el Cuartel del Carmen de Sevilla. Esta exposición me cambió,
me impresionó. Hubo realmente un antes y un después para
mí.
Me has hablado de cómo tomas un camino diferente al de la mayoría
de tus compañeros de estudios. Por qué decides marcharte.
Cuéntame qué ha supuesto para ti París, ya que parece
que ha sido una etapa muy decisiva en tu vida.
París es una ciudad donde se respira arte por los cuatro costados,
una magnifica escuela, junto con Nueva York, dos ciudades que han influido
decisivamente en mi trabajo. Paris sobre todo, ya que he vivido diez años
allí, me ha ofrecido la capacidad y la libertad de creación,
es donde de verdad he aprendido, donde he expuesto por primera vez en
una gran galeria, donde me he impregnado de los matices de pensamiento
que me caracterizan como creador Un lugar donde estaba todo el día
borracho de conocimientos, aprendiendo y absorbiéndolo todo como
una esponja. Con las grandes exposiciones a mi alcance
un sueño,
y un lugar donde consolidé mi carrera artística.
Por todo lo que me has ido contando, veo que para ti es primordial
comunicar y sé que además concedes un papel muy importante
a enseñar, que cuentas con una importante experiencia docente.
Sí, la educación es básica, respetando siempre la
belleza de lo heterogéneo, que es el leit motiv para seguir buscando,
aprendiendo y, sobre todo, creciendo. Y esto, desgraciadamente se está
perdiendo. Esta educación es primordial, saber educar en el respeto
y en la comprensión para que cada uno pueda interpretar expresar
el arte como quiera. Mi experiencia docente tanto en cursos de postgrado
para la universidad como en cursos de integración en diferentes
ambientes sociales me es muy enriquecedora tanto en mi aspecto profesional
como humano. Recordemos que el arte como un producto de mercado sólo
existe en Occidente, por ello es necesario desmitificar la figura del
artista como creador intocable. El artista debe centrarse en la creación,
el compromiso y en el trabajo bien hecho.
Cuéntame ahora cómo has llegado a crear y concebir esta
exposición Contemporáneo, para la Diputación de Córdoba,
cuyas piezas nos rodean mientras hablamos en tu estudio. ¿Cuál
ha sido tu punto de partida?
Voy
a decirte algo muy significativo. He vuelto a escuchar a Paco Ibáñez,
algo que no hacía desde hace muchos años. Y ha actuado como
un auténtico revulsivo para mí. Es como volver a las barricadas.
Habitualmente, el artista plástico ha vivido muy protegido por
las instituciones, siempre dentro del circuito de mercado. Desde hace
mucho tiempo, pocos se han mojado con los problemas sociales. La situación
del mundo, el papel de occidente y mas concretamente de Europa me preocupa
enormemente. Los logros sociales que gestaron nuestra cultura se están
desmoronando a una velocidad vertiginosa. Creo que este enfoque no debe
ser exclusivo de pensadores y filósofos, creo que nosotros, como
artistas plásticos debemos ser protagonistas de ese compromiso
social. Hay que responder. No podemos permanecer callados ante temas tan
evidentes como Guantánamo, Arabia Saudí, el terrorismo vasco,
Nigeria, Palestina o la explotación infantil. ¡Temas que
atentan directamente contra la inteligencia de uno!
Además, la idea surgió ya hace bastante tiempo, por eso
parece que este trabajo tiene algo de visionario, dado que ha surgido
mucho antes de cualquier sospecha de una guerra, de un conflicto tan grave
como el que ha estallado.
Los dos últimos años he estado viviendo temporadas en Estados
Unidos pero he dejado de ir, por ahora. No quiero que me hagan sentirme
como un criminal cada vez que uno intenta entrar en ese país. Yo
estaba allí cuando nombraron a Bush presidente, estaba viviendo
acogido en casa de unos coleccionistas que son grandes amigos. No se me
olvidará, cuando vinieron a recogerme al aeropuerto, cómo
me dijeron refiriéndose a Bush, Esteban, esto es lo peor
que le ha podido pasar a este país, y lo peor que le ha podido
pasar al mundo. Eso lo decían ellos, que además se
sienten muy americanos.
Y a raíz de esto y de muchas más cosas empecé a tener
muy clara la nueva situación que se nos avecinaba y que la tenemos
ya encima. Es evidente que desde hace tiempo esto no funciona. La legalidad
internacional ya no existe, lo que se organice a partir de ahora será
un sucedáneo, una mera patraña.
En la exposición solo hay un tema concreto referente a la política
de Bush, que es Guantánamo. Pero todos los demás están
relacionados con la política exterior de Estados Unidos, además
en la situación actual es difícil mantenerse al margen.
Si me mantuviera alejado, si no intentara hacer algo, sencillamente no
sería capaz de mirarme al espejo. Uno puede participar en acciones
puntuales, pero la mejor manera de responder es con mi propio trabajo.
Retomando lo que me estás comentando a cerca de tu trabajo y
cambiando un poco de tercio, desde el punto de vista estilístico,
¿cómo englobarías tu obra y, concretamente esta última
exposición?
Siempre he trabajado dentro de lo que yo defino como un conceptualismo
simbólico, es una obra claramente conceptual, ya que parte siempre
de una idea muy definida. Es un trabajo en torno a una idea que luego
desarrollo en la obra, en tres dimensiones y con una gigantesca carga
simbólica.
El escenario de la exposición son los derechos humanos, su violación
continúa. Lo dividido en 6 temas, representando cada uno por una
de las seis cajas, que se complementan con las fotografías, las
manos y otros objetos. Las cajas son efectivamente temas muy directos
que permiten al espectador la posibilidad de ver una imagen concreta de
una violación de estos derechos. Son escenas impactantes que invitan
a que pueda tomar partido. He utilizado piezas óptimamente e intencionadamente
explícitas, que no permitan la más mínima desviación
en su comprensión, ellas por sí mismas lo dicen todo.
Para mí, esta exposición ha sido un trabajo de transición,
la aceptación de algo mucho más grande. Es un nuevo punto
de partida hacia un cambio estético mayor, que puede mantenerse
en el tiempo y que me permite mantenerme alerta, abordar y denunciar otros
problemas, cuando yo quiera.
Las cajas son muy directas, muy agresivas y no dejan lugar a la duda.
Esta dureza está compensada con una serie de fotografías,
estéticamente bellas, pero que esconden un dramatismo muy grande.
Lo que pretendo es que después de haber enfrentado al espectador
a una primera parte tan obvia y brutal, contemplando estas fotografía
vaya más allá y descubra el juego perverso que esconden.
Que se dé cuenta de la hipocresía que encierran: la mano
adulta que parece que acaricia la de un niño, en realidad la está
presionando; reflejan la opresión y la lucha. Siempre se repite
la mano de un adulto (que es la mía) con una mano de niño
o de mujer, creando así una gran tensión. Son los grupos
sociales más sensibles a la violencia, las principales víctimas
de ella.
La exposición se compone de unas cajas, de unas fotografías
y
de otras obras que la completan, combinando diferentes soportes, técnicas
y campos. Además toca pintura, escultura, fotografía, infografía,
y esto está siendo una constante última en tu obra.
Pero, ¿cuál es el elemento común, al margen del
ideológico?
El juego con algo tan expresivo y común como son las manos, es
el eje de unión, el elemento aglutinador de este juego
terrible y lejano para la mayoría de nosotros que es la violación
continua y enquistada de los derechos humanos.
Creo en el artista humanista. No se es más artista por pintar un
cuadro, sino por ser capaz de desarrollar una idea y transmitirla, y el
artista tiene que saber utilizar todo tipo de recursos en cada momento.
Personalmente me siento más cómodo con la pintura, pero
estoy entusiasmado con este proyecto, me he involucrado mucho en él.
Esto me ha aportado unos resultados insospechados para mí, obtenidos
con unos recursos mínimos, como las grandes fotografías.
No obstante, reconozco que la pintura al ser la primera manifestación
consciente del ser humano, siempre perdurará; el placer de mancharte
las manos es una sensación incomparable. La capacidad de crear.
Silvia Huércanos
MUNDUS
FABULA EST
Cuando
la materia es el nacimiento milagroso, estamos en puertas de cumplir los
designios de María Zambrano: Entrar en la materia es entrar
en lo sagrado. Esteban Ruiz conoce esos mecanismo de fineza, casi
órficos, de la destreza creativa, y nos propone con esta nueva
obra un juego de mutaciones, de alquimias de imagen y sentimientos. Emoción
desde la superficie de un paisaje que se convierte en territorio de una
conciencia necesaria. Denuncia y emoción, entonces. Manos que se
unen o someten lo frágil. Ya sabemos que hoy en día más
que nunca Lo frágil atrae para matarlo. Extraña
ley. Extraño lugar. Mundo y materia. Pero cuando la materia es
magna matter, podemos atisbar como los clásicos del medioevo que
MUNDUS FABULA EST.
Espacios. Rizomas aéreos. Cajas donde se instala la denuncia de
un mundo injusto, hipócrita. Espejos que espejean la mirada, desde
este lado del espejo. El paraíso ha sido derogado por E. Ruiz en
estos juegos de mutación y transubstanciación de la propia
energía que siempre lleva su mirada: atrás quedan las series
sobre mitologías, ascesis, abrazos mágico-telúricos.
Ahora es la vida la que nos mira desde la vida misma que se resiste a
ser dominada por el mal. Pero no desde una postura maniquea de lo bueno
y lo malo, sino desde un lenguaje que no se somete a postulados donde
impere esa lógica dual. Lo binario ha sido asimismo derogado. Es
el más claro ejemplo de lo que queda de nuestra mirada centáurica.
Es de los pocos que ha asumido que el creador es frontera, frontera de
uno mismo. Límite no ya del mundo, sino del ser.
ROBERTO LOYA
Como
quien espera el remordimiento
Juan Carlos Arañó Gisbert
"Se ve mucho mejor el infierno
a través de un tragaluz
que si se lo viera al completo."
Jules Barbey dAurevilly
Roland Barthes afirmaba que el artista no tiene moral, pero sí
tiene una moralidad y esta trasciende claramente en su obra enunciando
su visión del mundo que compone desde su propia cultura.
Los tiempos que corren no permiten concesiones ni frivolidades, hoy más
que nunca la marca de origen recuerda y referencia nuestro lugar y contexto
del que no cabe la huida ni marcha y en donde es necesaria la definición
y el compromiso como seña de identidad, de participación
en el grupo, de sus valores y ética como un paisaje de acontecimientos
en el que el arte se convierte en una crónica despiadada, en representación
del compromiso eliminando todos los obstáculos entre el artista
y la idea.
En la obra de Esteban Ruiz el artefacto haciendo claro y ostensible su
origen y su marca constituye el paisaje de la representación, en
ella destaca el protagonismo de unas manos que, como voyeur duchampiano,
reclaman, denunciando, la atención sobre ellas, y, a la vez, evocan
el anonimato de la denuncia que realizan y de su compromiso, como cuando
Gianni Vattimo establece que la evidencia como contraseña y criterio
distintivo de la verdad es el fenómeno cultural constitutivo de
una civilización en la cual el humano es pensado y definido en
términos de conciencia, porque en definitiva el argumento de Esteban
Ruiz es la llamada de atención al comportamiento histórico
social colectivo y a sus efectos políticos. La no aceptación
de las formas institucionales dirigidas por las nuevas y duras formas
de capitalismo, de sus resultados políticos y, desde luego, de
la no asunción de los acontecimientos en los que la violencia caracteriza
los comportamientos humanos. Es en este momento cuando obra artística
se convierte en lo que Arthur Danto califica como objeto posthistorico,
de denuncia, para intentar reconstruir los hechos que tuvieron otro sentido,
porque pretendemos otra moralidad. Se trata de una de tantas posibilidades,
algo que si se desea hacer, modificar una realidad no asumida, atribuir
significados morales y personales más profundos, construir paisajes
y representaciones aceptables, porque como nos recuerda Nietzsche
la sangre es el peor testimonio de la verdad, envenena hasta la
doctrina más pura, la transforma en delirio y odio de los corazones.
Esteban Ruiz transmuta esa sangre en metáforas objetuales, en valores
plásticos, en razones de idea. Como artista comprometido con su
tiempo, sus ideas, de convicciones profundas y de este modo expresa su
compromiso, como diría Jacques Derrida, en un espacio para abrir,
para dar lugar a la verdad, porque, como establece Remo Guidieri, de esa
manera de distinguir el signo del concepto nacerá la hipótesis
antropológica sobre el binomio pensamiento salvaje/pensamiento
domesticado, aunque, como decía Marcel Duchamp, siempre son
los demás los que se mueren.
Esteban
Ruiz.
Paris, Abril 1999.
Después de diez años de trabajo en la representación
de imágenes, creencias y epifanías de las religiones primitivas,
y a partir de un largo viaje por Oriente (India y Nepal) y Sudamérica,
del que fuí empapandome de su cultura y sus vivencias, tracé
un giro significativo a la base conceptual e iconográfica de mi
obra.
Estas telas y piezas de una estética neta y clara, lo son tambien
en su aspecto conceptual, ya que en ellos reflejo mis sentimientos mas
abrumadores, vivencias y miedos. Amor, sexo, vida, muerte, lo sagrado,
lo profano en lo sagrado, a través de un estudio en profundidad
de pensadores y personajes literarios que han marcado el rumbo a seguir
a lo largo de esta angosta vereda que es la vida, y sin los cuales mis
esquemas humanísticos e intelectuales hubieran estado perdidos
o seguido otros derroteros.
Al entrar directamente y sin miedo en el análisis e interpretación
de estos personajes, me aboco a un lenguaje -a través del trabajo
intensivo de taller, cualitativamente místico, que raya por momentos
el estado de locura- de madurez bien fundamentada en los resortes de mi
cultura, la de mi tierra andaluza que ha sabido interpretar expontaneamente
estos saberes hasta el paroxismo de las pasiones reflejadas en la vida.
Esteban
Ruiz y la Mística
Un lugar a 1000 metros de altura, entre Jaén y Granada, un pueblecito,
Valdepeñas de Jaén. Es aquí donde trabaja Esteban Ruiz
en una Andalucía diferente, al abrigo de las hordas de turistas,
una Andalucía de montañas, fría pero calurosa, una
Andalucía casi castellana, como un sueño lejano, escondida
detrás de Sierra Nevada, la mítica Granada, símbolo
del refinamiento de la civilización arabigo-andaluza.
Desde su taller, Esteban Ruiz contempla estas montañas rítmicas
por los olivares que imponen su rigor matemático bajo un cielo immaculado.
A lo lejos algunas manchas de nieve como salpicadas por la mano de un pintor
celeste. Esteban Ruiz conoce cada escondrijo de este paisaje grandioso y
austero, grutas prehistóricas, ruinas de un castillo moro, símbolo
de luchas pasadas, la cueva donde se recogía un santo (la región
es propicia al misticismo). En el transcurso de sus paseos matutinos, antes
de empezar a trabajar, recoje hachas de piedras pulidas, trozos de cerámica
árabe, etc... esos objetos que le unen al pasado y que ilustran lo
que me dijo un dia : "En la prehistoria, los hombres que contemplaban
el dibujo de un peine, comprendían que esto representaba un animal...".Creo
que todo esto explica el arte de Esteban Ruiz, vinculado a nuestro pasado
más primitivo, el más lejano, con los cromlech, el apego al
símbolo, el arco ojival, recuerdo de grandes mitos de nuestra civilización
occidental, el minotauro, Don Juan, evocación de grandes obras de
la literatura, Dante, evocación de misterios esenciales, la muerte,
la vida, el amor, la maternidad. La elegancia y el rigor del paisaje se
encuentran en su obra. Estos círculos azules que puntuan algunas
de sus telas evocan el alineamiento implacable de los olivares, esas manchas
naranjas proyectadas sobre la tela todavia fresca parecen salir directamente
de las heridas de la tierra andaluza.
Esteban Ruiz, a través de sus pinturas nos invita a reencontrar en
nosotros al hombre primitivo que sabe ver y sentir las cosas, los objetos,
la vida sin pasar por el prisma deformante de la educación, de la
cultura. Nos señala a nuestro aspecto más profundo, más
escondido, pero al mismo tiempo solicita nuestra erudición para leer
sus cuadros. Su arte nos invita a la vez a desarrollar nuestra sensibilidad
y nuestra inteligencia.
La característica de Esteban Ruiz es la unidad, la homogeneidad,
el equilibrio, la elegancia, la sensibilidad y la violencia controladas
por una maestria total de su arte adquirida al haber realizado más
de 400 cuadros. Hay que verle pintar, como un demiurgo poseido pero controlando
su posesión, la tela extendida en el suelo como un cuerpo ofrecido
a sus más profundos deseos, proyectando con violencia el aceite de
linaza para provocar las manchas y rápidamente dominarse totalmente
en una caligrafía perfecta. Cómodo y dominando todos los formatos,
en todas las formas de expresión, en todos los géneros, dibujando
un minúsculo personaje en la tarjeta de un restaurante, o divirtiéndose
para dar gusto a un amigo, hace nacer sobre una hoja de papel craft una
pin-up digna de Playboy.
Esteban Ruiz es un artísta que nos hace viajar a nuestros orígenes
lejanos expresando nuestros interrogantes más fundamentales. Su arte
olvida la anécdota para concentrarse en los verdaderos interrogantes
del hombre, vivo reflejo de su tierra natal, esta Andalucía eterna
que después de haber visto pasar tantas civilizaciones y tantos invasores
ha decantado todos sus mensajes para no conservar más que lo esencial.
Alain Pierson. St Jean-de-Luz
El
Arte que nos fuerza a pensar
El arte de Esteban Ruíz es ante todo espiritual.
Espiritual en su sentido etimológico spiritualis significa
propio de la respiración. Sus obras tienen un ritmo propio, un
ritmo de respiración propio. Encontramos aquí una importante
referencia oriental en su obra : la coincidencia entre un vacio simbólico
( por la presencia de circulos, volúmenes, "bastones",
cadáveres de peces, en el vacío ), y el vacío interior
a reencontrar, como los sabios orientales nos invitan.
Espiritual tambien porque su deseo profundo es de sobrepasar la materia
: esto que obstaculiza para llegar al Origen, lo Ideal, lo Absoluto. Este
obstáculo, no es la Materia concebida como entidad metafísica
que viene etimológicamente de mater : la madre, la fuente que aún
asi, también está presente en su obra, sino la materia como
oposición al espíritu : lo percebido por los sentidos o
lo que permite encarnarse a las ideas, y realizarse al espíritu
creador.
A la manera de los físicos actuales del átomo, la materia
tiende entonces a perder su consistencia y el carácter concreto
que le da el sentido común ; y las entidades donde ella está
constituida no son directamente observables sino cada vez más abstractas
y conceptuales. De esta manera el espíritu en sus obras quiere
hacer olvidar la materia misma de la tela, de la tela misma, como en sus
nuevos trabajos que cuestionan la idea misma del cuadro como objeto, y
como objeto fijo. Las técnicas de expresión son consideradas
por el artista como simples instrumentos y el lenguaje pictórico
como uno más.
Es por esto que la recepción de la obra de Esteban Ruíz
puede ser fruto de un malentendido. Nos gusta o nos puede gustar su obra
por aspectos que el artista considera sin importancia (el aspecto sensible
y material del cuadro). No importa, ya que lo esencial no sea lo que el
artista quiere decir ,-sus ideas, su lenguaje lleno de símbolos
como un nuevo lenguaje esotérico diriguido a los iniciados- sino
lo que la obra nos da que pensar. Esta provocación a pensar no
se hace solamente por los conceptos implícitos o explícitos
de la obra sino más bien por la expresión de una tonalidad
afectiva.
Esta tonalidad afectiva que es una bocanada de aire (de la respiración
y del espíritu) da la impresión de misterio por presencias
ambiguas. Presencia de textos que forman a la vez parte integrante de
la obra y también del pensamiento encarnado en estos mitos -Don
Quijote, Don Juan, Fausto, por ejemplo- presencia paradójica de
desnudez -que es el vacío como fuerza que llena este espacio y
como desaparición del aspecto material de la obra-, presencia obsesiva
de sus números sagrados, pero tambien de la materia misma de la
tela que vuelve como para vengarse.
Por tanto la verdad de la obra no se deja encerrar en la comprensión
de ideas conscientes del artista, ni en las referencias diversas de su
obra (religiones primitivas, la cultura oriental, o la física moderna)
ni en ninguna interpretación. Su fuerza es la de una "máquina"
de pensar, que nos fuerza a pensar.
Sebastien Courtois. Paris
ACERCA
DE LA OBRA DE ESTEBAN RUIZ
Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron,
Soy de la raza mora, vieja amiga del sol,
Que todo lo ganaron y todo lo perdieron.
Tengo el alma de nardo del árabe español. (*)
Es así como el poeta Antonio Machado describe al andaluz. Esteban
Ruiz es andaluz. Ser Andaluz es tener en las venas la cultura fenicia,
romana, visigoda, árabe, judía, cristiana. Es estar ciego
por una luz que abre el alma, a decir de Lorca, sin haberlo aprendido,
es formar parte de un pueblo que vive en armonía consigo mismo,
es ser musulmán pero pedir a obreros cristianos venidos de Bizancio
construir la Mezquita de Córdoba utilizando capiteles romanos para
coronar sus columnas, demostrando que la idea de Dios está por
encima de la religión de cada uno, es igualmente ser cristiano
y utilizar un minarete como campanario. Es nacer sobre una tierra eterna
y moderna, siempre conquistada y nunca dominada. Ver pasar tantos invasores...,
adaptarse a tantas culturas y religiones diferentes permite al andaluz
no captar sino lo esencial, lo que trasciende a las civilizaciones, lo
que mira el ser humano en algún momento: la vida, la muerte, el
amor Dios. Es por esto que los cantaores de flamenco, a veces iletrados,
se expresan naturalmente por conceptos. Y es por esto que encontramos
en los cuadros de Esteban Ruiz temas propios a la esencia del hombre,
la justicia, la búsqueda del paraiso, la muerte, la madre primordial
de la humanidad, el coso taurino como templo, expresados de una manera
conceptual, como los hombres de la prehistoria representaban de esa misma
manera conceptual el mundo que les rodeaba. La pintura de Esteban Ruiz
es muy andaluza, por moderna, por su expresión y eternidad de lo
que expresa. Rica como la tierra que le ha visto nacer, cada uno encuentra
en ella respuestas a sus preguntas como dice la copla flamenca:
En cada copla que canto
Otras mil coplas se envuelven
Pues cada cual en el corro
a su manera la entiende. (**)
ALAIN PIERSON
El
territorio sagrado
En las pinturas de Esteban Ruiz podemos encontrar arcadas, trazos flechados,
cuerdas, escaleras, cuernos de toros...
Son signos que nos guian hacia un territorio sagrado. una especie de juego
de la oca chamánico con el paraiso por final,donde las casillas son:
1, 2, 3, la tierra y el cielo, 4, 5, 6, la vida, 7, 8, 9, la muerte.
No existen subterfugios, el hombre está ahí, desnudo, encarnación
del enigma cósmico, está como nosotros, sin reglas, sin modo
de empleo.
Ahora es su turno.
Chantal Mennesson |