|

GUANTÁNAMO
En Guantanamo los conceptos y situaciones manejadas y aplicadas por las
autoridades americanas contravienen el derecho hasta ahora vigente, aunque
todo esto queda en un segundo plano tras la más radical y terrorífica
innovación regresión jurídico-moral - expuesta
ahora por Fleischer: alguien puede ser detenido por su deseo, ya
no se requieren actos para ello.
Sería muy difícil probar (excepto mediante confesiones y
delaciones, de ahí la utilidad de los interrogatorios sin abogado
y bajo tortura psicológica) quién entre los prisioneros
de Guantánamo era un combatiente talibán, y quién
un miembro de al-Qaeda. También parece imposible, según
el derecho hasta hace poco al uso, no calificar a los combatientes talibanes
de prisioneros de guerra; ya que defendían su país, se piense
lo que se piense del régimen talibán, de un ataque exterior.
Los Estados Unidos se encuentran con un problema de coherencia interna.
Este reside en el hecho de que ya miles de personas murieron en Afganistán
por el presunto objetivo principal de los Estados Unidos de dar
caza a Ben Laden, el único hombre realmente señalado
por los norteamericanos, junto con tal vez 3 o 4 lugartenientes, como
responsable directo de los atentados del 11 de Septiembre ( a parte lógicamente,
de los suicidados en los aviones).
¿Podrían los prisioneros de Guantánamo ser considerados
inocentes de los atentados del 11 S?, ¿podrían no ser condenados
a la pena de muerte cuando ya tantos equivalentes suyos han
sido muertos en Afganistán en nombre de los atentados y además
sin que se haya dado muerte o apresado al único que se considera
inequívocamente culpable directo de los atentados?. Evidentemente,
no: la inocencia de los prisioneros respecto de ese cargo implicaría
automáticamente la inocencia de los ya muertos (matados).
Por ello, los prisioneros de Guantánamo están ya condenados
a causa de la muerte de sus compañeros, de la misma manera que
éstos fueron condenados a muerte por la culpabilidad de Ben Laden
y de los ejecutores de los atentados.
Con su intervención en Afganistán, con la muerte de miles
de personas, las autoridades de Estados Unidos han pretendido evitar en
general que sus ciudadanos y el resto de los habitantes del mundo
en segundo plano afronten la responsabilidad de plantearse autónoma
y exhaustivamente cuales podrían ser las causas, motivos y/o factores
conducentes a los atentados del 11 S y en particular que aborden la cuestión
de en qué medida la conducta exterior de su gobierno ha contribuido
a generar una aversión hacia los Estados Unidos como la que se
manifiesta tras los atentados.
A partir de ahora la policía del nuevo orden mundial puede penetrar
en nuestras casas por la campana de la cocina y acusarnos de haber deseado
que los prisioneros de Guantánamo no fueran tan malos y de haber
sospechado que las autoridades norteamericanas lo son un poco más
de lo que ellas reconocen.
La amenaza de George Bush transmitida el 21 de septiembre por las cámaras
de televisión de todo el mundo fue: Digo a todas las naciones
del mundo: o estáis con nosotros o estáis contra nosotros
Estados Unidos es incapaz de identificar a muchos prisioneros, y no sabe
cuántos de los detenidos son soldados talibanes y cuántos
son presuntos terroristas. Además muchos podrían no ser
ni lo uno ni lo otro. Ya lo dijo el general Michael Lehnert: de
lo único que estamos seguros es que ninguno de ellos está
de nuestro lado.
Por otra parte, el presidente español, José María
Aznar, que en su infatigable meritoriaje ironizó sobre la situación,
dijo en los informativos de mediodía de Telecinco del 28 de Enero
2003: Todos se preocupan ahora de los derechos de los prisioneros
de Guantánamo pero no por los de las víctimas del 11 de
Septiembre
Javier Barrera
|
|